Escritora, modelo y promotora del náhuatl, hablo de Julia Jiménez González, más conocida como Luz Jiménez, la mujer nahua que vemos plasmada en diversos murales de Diego Rivera y José Clemente Orozco, en una escultura del Parque México, en el Monumento a Obregón de San Ángel y hasta en el Monumento a la Revolución.

Además de modelar para diversas obras, Luz fue destacada educadora, artista y promotora de su lengua y cultura náhuatl de Milpa Alta, su pueblo natal, donde fue estigmatizada por posar desnuda.
Fue doña luz una persona dulce, sencilla y paciente con los “caxtilantlacame” (los no-indígenas) que luchaban por aprender su idioma. Hablaba igualmente bien el mexicano (náhuatl) y el español.
Como dije antes, Luz nació en Milpa Alta durante la última década del siglo XIX, en 1897, en esa época, la demarcación era totalmente rural, y antes de los diez años la niña anhelaba ir a la escuela. Después, sintió un interés vivo en convertirse en profesora titulada de “futuras generaciones de maestros, sacerdotes y licenciados”.
Esta fue su gran ambición; por diversas circunstancias nunca pudo hacerlo.
Su casa, su iglesia y –ante todo- su escuela quedaron grabadas en su memoria con cariño y gratitud. Con el tiempo se casó y tuvo hijos. Entre 1911 y 1916 la familia de doña Luz sufrió las vicisitudes de la guerra entre la capital y el Estado de Morelos, cuando, su pueblo mesoamericano, se vio invadido por las fuerzas del norte.
Vio los cadáveres de su padre y de casi todos sus parientes varones en 1915.
Fue también parte del éxodo nocturno hacia México cuando quedó abandonado el pueblo. Su familia volvió después de la muerte de Emiliano Zapata, allá por 1919.
Las mujeres de la familia Jiménez sufrieron desprestigio por el modelaje de Luz: “sus hermanas vivían en condiciones precarias, les decían “las condumbieras”, puesto que vendían dulces de maíz tostado con piloncillo que llamaban “condumbio”, golosina muy apreciada en ese tiempo.
Durante el renacimiento de la pintura mural mexicana, por 1930, doña Luz sirvió de modelo a famosos artistas, Diego Rivera y Jean Charlot, entre ellos. Su imagen quedó grabada en los muros de la Secretaría de Educación, del anfiteatro de la Escuela Nacional Preparatoria y del Palacio nacional.
Curiosamente los héroes de doña Luz eran Porfirio Díaz, Justo Sierra y Emiliano Zapata. Nunca conoció a los dos primeros, sí al tercero.
Pasó sus últimos cinco años en la ciudad de México con su hija y sus nietos, aunque conservaba su antigua casa de Milpa Alta. Murió trágicamente, fue atropellada en la ciudad de México, cerca de la casa de Anita Brenner, su comadre, el 28 de enero de 1965 con 68 años de edad. Esa amigos, fue Julia Jiménez González, Luz Jiménez.