Todos conocemos a un hipocondríaco; ese amigo o familiar que al preguntarle cómo está, siempre está preocupado por su salud y sin haber pisado un consultorio médico, piensa que con cada dolor de cabeza crece un tumor en su cerebro.

Lo que muchos desconocen es que detrás de tanta queja y dolencia, se esconde una enfermedad mental y muy real. La hipocondría es reconocida médicamente como un trastorno de ansiedad que provoca sentir miedo y preocupación excesiva relacionada a la salud.
Recuerdo que en una ocasión, una prima me dijo que podía tener cáncer uterino porque llevaba una semana sufriendo del estreñimiento más doloroso de su vida. Al buscar información sobre ese cáncer, descubrió que también el dolor pélvico que sentía, podría ser síntoma de la mortal enfermedad. En su cabeza creó una película que incluía su muerte en pocos meses. Luego se dio cuenta que comer demasiados Mofongos de plátano, en sus vacaciones a Puerto Rico, le creó la incomodidad intestinal. Y así es como un hipocondríaco formula un diagnóstico imaginario que le crea tanta la ansiedad.
Siempre han existido hipocondríacos, sin embargo este síndrome se ha vuelto común con la era de Internet y el fácil acceso a todo tipo de información médica. Y es que si duele una uña, sale una ronchita en la piel o se acelera el corazón, consultamos inmediatamente al Doctor Google, buscando una respuesta que puede provocar una preocupación mayor.
¿Cómo ayudar a un hipocondríaco?