PACHUCA: LA CALLE DEL HOSPITAL

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Llamose Calle del Hospital a tres de los tramos de la que hoy lleva el nombre de Mariano Abasolo, que correspondían a los que cruzaban frente al nosocomio construido por la orden hospitalaria de los hermanos juaninos, a partir de 1725 y que brindara sus servicios en diversas etapas hasta 1861, año en el que, tras la expropiación y adaptación de uno de los claustros del antiguo convento de San Francisco, inició servicios el Hospital Civil de Pachuca, dejando sin uso aparente al de San Juan de Dios.
Es curioso señalar que las crónicas sobre aquel hospital señalaban que se encontraba en las “afueras” de la ciudad, no obstante que se ubicaba dos cuadras arriba de la hoy Plaza de la Independencia, lo que significa, primero, la pequeñez de la población en esos años y en seguida el hecho de que la mancha urbana partía precisamente de aquella plaza —entonces de Toros— hacia el norte, aunque la importancia del edificio fue siempre obvia en lo que el espacio urbano.

 

Así lucía hace años la calle Abasolo

La primera imagen corresponde a una antigua y un tanto borrosa placa tomada hacia 1912, en la que puede verse el gran ajetreo de esa, la otrora calle del hospital, por ser camino a diversos barrios y colonias del Pachuca de principios del siglo XIX. Para entonces el antiguo edificio del Hospital Juanino se había cedido ya al Instituto Literario del Estado —1869— y se había concluido tanto la remodelación del edificio como la de su escalinata, al lado de la que se acondicionaron tres terrazas divididas por una bella balaustrada de corte clásico que era una autentica delicia para los jóvenes enamorados que vivieron ahí tórridos romances.

 

 

La segunda fotografía corresponde a un conjunto de imágenes logradas por el fotógrafo pachuqueño José Bustamante Reyes, quien captó en ella el colofón de una reunión seguramente realizada en el corredor principal, ya que lo que sería el salón de actos Baltasar Muñoz Lumbier hacia 1917 o 1918 era entonces una bodega escolar —en la vista fotográfica puede observarse el notorio contraste entre el  grupo de “mirones”, vestidos de manera sencilla con sombreros de ala ancha y copa cónica, acomodados en ambos lados de la gran escalinata, con el grupo de conspicuos personajes que enfundados en formales fracs y levitas, bombines y chisteras, baja por la gran escalinata—. Al fondo puede verse detrás del edificio escolar la fachada del templo anexo al hospital ya para entonces adaptado para alojar al observatorio meteorológico.

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