Ahora conoceremos a “la Generala”, aquella que llegó acompañando a su esposo el general Félix María Calleja el 17 de febrero de 1812 y que el 19 se quedó esperándolo en su carruaje mientras según él, acababa con los “zarrapastrosos” que se habían atrincherado en Cuautla. También le dijo que después, la llevaría almorzar al mejor lugar de esa villa.

No sucedió ni lo uno ni lo otro y se quedó durante los 73 días que duró el Sitio viendo como cada día su esposo perdía las esperanzas de triunfo.
Pero volvamos los pasos al inicio de la historia juntos, María Francisca condesa de Calderón, la única virreina criolla y Félix María Calleja.
El 26 de enero de 1807, Félix María Calleja contrajo matrimonio con María Francisca de la Gándara, hija de don Manuel Jerónimo de la Gándara, dueño de la hacienda de Bledos, en la Iglesia de San Sebastián en San Luis Potosí.
Y quise hablarles de María Francisca porque en el museo del prado de Madrid, está un cuadro de la ilustre potosina, doña María Francisca de la Gándara y Cardona sentada sobre un sofá verde, sosteniendo un pañuelo blanco de fino encaje y un “libro de horas” (especie de libro de oración), aludiendo a su gran religiosidad.
Y no sería tan relevante ese cuadro si es que no tuviera una pequeña descripción que llama la atención, en ella se atestigua el lugar de su nacimiento, la Nueva España (México), el autor del retrato es don Vicente López Portaña, fue el primer pintor de Cámara de S.M. el Rey don Fernando VII y más tarde de S.M. La Reina Doña Isabel II, sucesor nada menos que de Francisco de Goya en la corte regia.
El nombre de doña María Francisca, así como su título en el Museo del Prado no pasa desapercibido, despierta una gran admiración que el retrato de una novohispana se exhiba en una de las pinacotecas más importantes del mundo.
María Francisca fue la única virreina criolla que existió en la historia de la Nueva España, su esposo recibió el título de conde de Calderón por su victoria contra Miguel Hidalgo y Costilla en el Puente de Calderón, Jalisco.
Bien, amigos de Latitud Megalópolis espero haya sido de su agrado este relato.
Reciban un gran saludo, ¡hasta la próxima!