EL RENO QUE NO SABIA VOLAR

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En un rincón nevado del Polo Norte, vivía un pequeño reno llamado Nico. Era más pequeño que los demás y, aunque soñaba con volar al frente del trineo de Santa Claus, nunca había logrado despegar del suelo.

 

 

Cada año, los renos jóvenes practicaban sus saltos y aleteos para impresionar a Santa. Nico intentaba con todas sus fuerzas, pero sus patas temblaban al pensar en las alturas. “No te preocupes, Nico. Solo necesitas confiar en ti mismo”, le decía su mamá con una sonrisa cálida.

Una noche fría, mientras todos dormían, Nico salió al claro del bosque para practicar a solas. De pronto, escuchó un susurro entre los árboles. “¿Por qué estás tan triste?”, preguntó una suave voz. Era una luciérnaga diminuta que brillaba con una luz cálida.

“Quiero volar, pero tengo miedo”, confesó Nico.

La luciérnaga, que se llamaba Lila, revoloteó frente a él. “No necesitas ser el más fuerte ni el más grande. Solo necesitas valentía y un poco de ayuda mágica.” Lila movió sus alas y esparció un suave brillo dorado sobre Nico.

“¿Eso me hará volar?” preguntó Nico emocionado.

“Te dará confianza, pero tú harás el resto”, respondió Lila.

Al día siguiente, durante las prácticas, Nico recordó las palabras de Lila. Cerró los ojos, respiró profundo y corrió con todas sus fuerzas. Esta vez, sus patas dejaron el suelo y, para su sorpresa, se encontró flotando en el aire.

Los demás renos lo miraron asombrados mientras Nico volaba en círculos, feliz y confiado. Santa Claus, que observaba desde lejos, sonrió. “Ese pequeño tiene corazón de líder”, dijo, y decidió que Nico sería el encargado de guiar el trineo esa Navidad.

Esa noche, bajo un cielo lleno de estrellas, Nico voló al frente del trineo, iluminado por la luz de su amiga Lila. Su miedo había quedado atrás, y con él, llevó la magia de la Navidad a todo el mundo.

Fin

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