Hola amigos de Latitud Megalópolis, llegamos al último día del año 2024, la llegada de un nuevo año siempre causa expectativa y alegría en la mayoría de nosotros.

Conozcamos el origen de este festejo que se celebra y comparte en plazas públicas, con familiares y amigos.
La tradición del año nuevo nació en Roma en el año 46 antes de Jesucristo.
Para homenajear a Janus, Dios pagano de las puertas y del comienzo, Julio César decidió dedicarle una fiesta consistente en comida copiosa, ofrendas de medallas, ramas y dulces, el año nuevo tenía que ser recibido con alegría y la abundancia durante 10 días.
Nuestro mes de Enero heredó su nombre de Janus, quien por su doble cara, representa un tiempo de transición entre el año pasado y el año que comienza.
Más tarde, el papa Sylvestre 33° quien ocupó la Santa Sede durante 22 años, dio su nombre a esta noche del año nuevo.
Algunos historiadores dicen que Sylvestre fue escogido solamente porque su nombre evocaba el bosque (símbolo muy importante en las tradiciones de la Antigüedad), otros dicen que el 31 de diciembre se relaciona solamente con su muerte.
En México aún se realizan otros rituales cuyos orígenes se remontan al periodo prehispánico. Las diversas culturas que habitaron lo que hoy es el territorio mexicano también celebraban el fin de un ciclo y el comienzo de otro, que no necesariamente tenía la duración de un año actual.
Y aunque cada una de ellas tenía sus propios calendarios y sus rituales, en general compartían algunos conceptos y elementos fundamentales.
Por un lado, los mayas, aztecas y otras culturas prehispánicas de México, concebían el tiempo de una manera muy distinta a la actual. Para ellos, el tiempo no era lineal, sino cíclico. Esto es, cada determinado periodo, los acontecimientos más importantes se repetían, como las estaciones y los movimientos de los astros, así como los periodos de guerra, los temidos años de sequía o las devastadoras inundaciones.
Por eso es que los antiguos mexicanos eran grandes observadores de la naturaleza y tenían incluso varios calendarios, como el religioso y el agrícola que determinaban todas las actividades de cada sector de la sociedad, desde la siembra, hasta los momentos más propicios de hacer la guerra.
La fusión de sus diversos calendarios generaba un “calendario total”, que abarcaba una gran cantidad de años.
Por ejemplo, para los aztecas cada 52 años era un cambio de era y a esta celebración le llamaban la “atadura de los años” o del “Fuego Nuevo”. Para los mayas, cada 20 años era un katún, y cada 20 katunes se marcaba una nueva era o Baktún.