¿VAMOS BIEN?

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El martes 2 de septiembre, Palacio Nacional se convirtió en el epicentro de un debate que pocas veces se filtra a las conferencias mañaneras: la inseguridad vista desde los estados, sin maquillaje y con sus matices más ásperos.

En el 51 Consejo Nacional de Seguridad, los gobernadores llevaron a la mesa propuestas que revelan un contraste incómodo con el discurso triunfalista que suele escucharse en el podio presidencial. Porque mientras allá arriba se insiste en que los delitos van a la baja y que el país está más seguro, abajo, en las entidades, los mandatarios locales enfrentan otra realidad.

Margarita González, de Morelos, puso el dedo en la llaga del sistema penitenciario: cárceles repletas, mal administradas y en riesgo de convertirse en focos rojos por la falta de separación entre quienes cometieron delitos graves y aquellos de otro fuero. Nada de eso aparece en los reportes matutinos.

Pero fue Samuel García, de Nuevo León, quien lanzó el dato más incómodo: aunque asegura que los delitos bajaron 80% en su estado, la percepción de inseguridad se disparó al mismo nivel. Ocho de cada diez nuevoleoneses sienten que viven más inseguros que antes. La distancia entre los números oficiales y la experiencia ciudadana queda así expuesta, desnudando una verdad que ni las estadísticas pueden encubrir: lo que importa no es sólo cuántos delitos se denuncian, sino cómo se vive la seguridad en las calles y en los hogares.

El gobernador habló también del éxodo rural-urbano que golpea a su entidad: familias enteras, sin casa propia, hacinadas y expuestas a la violencia sexual y doméstica. Su propuesta fue clara: un programa nacional de vivienda que proteja a las mujeres y a los sectores más vulnerables. Otra agenda que no asoma en la narrativa central.

Américo Villarreal, desde Tamaulipas, subrayó la expansión de la extorsión, un delito invisible en la mañanera, pero que carcome la vida económica y social. Lo mismo hizo Alejandro Armenta en Puebla, al advertir sobre mercancía ilegal y huachicol, pese a presumir la baja en feminicidios. Mientras tanto, la gobernadora de Aguascalientes pidió involucrar al sistema bancario en el combate al secuestro, porque los depósitos siguen siendo la vía de operación de los delincuentes.

Todos coincidieron en la necesidad de homologar estrategias a nivel nacional. Y ahí está el contraste más revelador: los mandatarios locales piden coordinación, control de penales, combate real a la extorsión, vivienda y seguridad en las carreteras. En la mañanera, en cambio, las prioridades son otras: la narrativa de que “vamos bien” y la insistencia en que la violencia ya se está domando.

El Consejo Nacional de Seguridad dejó en claro que hay dos países: el de las cifras oficiales que presumen victoria, y el de los gobernadores que deben responder, cada día, a la ciudadanía que no ve ni siente esos triunfos.

 

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