“No veo a nadie que pueda participar de ellas (cosas creadas) conmigo.
¿Consiste la dicha en la soledad?”
John Milton

El inagotable relato del Génesis en la creación de hombre por las manos de Dios siempre me ha dejado sorprendido y los autores que he leído siempre aportan nuevos elementos que me ha ayudado para ir profundizando este relato.
Ahora he leído con mucho provecho el libro de John Milton, El Paraíso perdido publicado en 1668 autor contemporáneo de Shakespeare y escrito como una poesía y de hecho el lenguaje es muy elegante y profundo. Milton converso del catolicismo al protestantismo y muy convencido de vivir la vida en el puritanismo en ningún momento desmerece sus atinadas reflexiones sobre la creación del mundo y toda creatura que lo habitamos, así como las creaturas angélicas que describe su papel dentro de esta creación, incluyendo a los ángeles caídos y su batalla espiritual que deciden emprender contra el hombre como una venganza de su castigo de vivir eternamente en el infierno. Ya no pueden luchar en el cielo pues ahí han perdido estrepitosamente pero si lo harán en la tierra y se vengarán de Dios haciendo caer al hombre y que éste desobedezca a su creador.
Quiero destacar el momento de la creación del hombre que Dios le ha dado la orden de poner nombre a todo lo creado y ante la maravilla de la creación, el hombre descubre su soledad, con quien compartir todo así como lo hacen todos los animales con su pareja.
Y este es el contexto de la frase: “No veo a nadie que pueda participar de ellas conmigo.
¿Consiste la dicha en la soledad? ¿Quién puede gozar estando solo? Y aunque se disfrute de todo, ¿qué contento se puede hallar?” (Milton, p.159)
Y este descontento continúa hasta nuestros días o por lo menos es lo que observo en las personas y veo que esto sigue aumentando a pasos agigantados. Y esto me lleva a las siguientes reflexiones.
¿No será que la soledad es la ausencia de tenernos a nosotros mismos y no tanto de no tener alguien a nuestro lado?
Hay un vacío interior que nos impide las relaciones con los demás que ni siguiera logramos ver la maravilla que nos rodea. Así lo explica Milton:
“Así hablaba yo presuntuoso, y la Visión celeste, cuyo resplandor vino a realzar una sonrisa, replicó de esta modo:
– “¿A qué llamas soledad? ¿No están llenos el aire y la tierra de diversas criaturas vivientes, y no están todas ellas sometidas a tus órdenes para contribuir a tus placeres? ¿No conoces su lenguaje y sus costumbres? También ellas tienen conocimiento, y están dotadas de un instinto que no es por cierto despreciable. Proporciónate con ellas un pasatiempo, y gobiérnalas: tu reino es vasto.” (Milton, p.159)
Aquí hay una idea profunda porque si el hombre no descubre que el aire, la tierra y las creaturas vivientes tienen conocimiento y dotadas de un instinto quiere decir que el egoísmo le impide reconocer la valía de todo. Y esto continúa: el desprecio hacia la ecología llegando incluso a la destrucción, incluso ya se habla de una ecología trágica.
El lenguaje de las cosas sólo puede ser escuchado en la contemplación, materia pendiente del ser humano tecnologizado, obnubilado por todo lo que hacen sus manos pero ausente de todo lo que le rodea de manera natural. Tenemos que detener este desprecio destructivo que está haciendo de este mundo algo inhabitable y rodeado cada vez más de basura y escombros.
La invitación de Milton es “proporcionarnos con ellas un pasatiempo y gobernarlas”, esto es una ecología sana y necesaria, la doctrina social le llama sustentabilidad.
CONVIVIR CON LOS PARES
Es verdad que la relación con todo lo creado es una actividad importante pero no del todo completa, pues Adán reclama alguien parecido a él así como la mayoría de todos los seres creados: “¿No me has hecho aquí tu representante? ¿No has ordenado que esas criaturas estuvieran colocadas en una categoría muy inferior a la mía? Entre seres desiguales, ¿qué sociedad, qué armonía que verdadera delicia puede existir? Todo lo que ha de ser mutuo debe darse y recibirse en justa proporción; pero faltando esta igualdad, si el uno está muy elevado y el otro siempre rebajado, no pueden concertarse mutuamente, sino por el contrario, llegan a hacerse igualmente molestos entre sí”. (Milton, p. 159)
El reclamo de Adán es válido, como lo constata Emmanuel Levinas, cuando acuña el concepto ético de “El Otro” y “el otro”, en esto consiste el correcto proceder en las relaciones.
Milton habla de cómo construir una sociedad sin seres proporcionales. Creo que estos conceptos del John Milton tiene que ayudarnos a valorar a la sociedad, en un mundo de iguales. Con los animales por más que nos sean simpáticos y apoyar nuestra compañía, no cumplirían la finalidad para la que fuimos creados.
Esto lo puntualizo porque hoy hay una sobreexposición sobre la relación con los animales evitando a toda costa las relaciones humanas. Cada vez usted escuchará más que se prefiere a un gato o a un perro que una vida matrimonial incluidos los hijos. Lea expresamente lo anotado más arriba. Por más que tratemos a los animales como pares: se les ponga ropa, los paseemos en las tiendas comerciales, compremos comida especializada (cara) y demás cosas que hacemos, llega un momento que el animal se harta y si es un gato te dará un zarpazo para que entiendas que esos cuidados están muy bien para los humanos pero no tanto para los animales: “Todo animal se deleita con los de su especia, como el león con la leona: por esa razón los has unido convenientemente de dos en dos. El pájaro no puede conversar con el cuadrúpedo, ni el pez con el pájaro, ni el mono con el buey”. (Milton, p.159).
A ver si entendemos, y esto depende del grado tan profundo de vacío interior que cada vez se agranda más.
