“Orgullo vestir la playera tricolor… Pero duele cuando te golean”
Hay momentos en la vida que no se describen con palabras. Se viven en el pecho, con la piel erizada y el corazón a punto de explotar. Eso es lo que siente Vinicio Bravo Fentanes cada vez que recuerda el instante en que el himno nacional mexicano retumbaba mientras vestía la playera verde.

Tricampeón con el Club América en la mítica época de los ochenta, el guerrero de las canchas abre su alma y entrega un testimonio que vale más que cualquier título.
“Es algo indescriptible el vestir la playera de México, y más cuando se toca el himno, ¿no? Algo estás haciendo bien para estar en ese momento, representando a lo que es México”, confiesa con la voz todavía cargada de emoción.
Pero no todo fue gloria. Vinicio Bravo recuerda con crudeza una de las humillaciones más grandes que ha sufrido el futbol mexicano: la goleada 5-0 ante Italia.
Mientras los italianos lucían elegantes chamarras y sacos en la banca, la Selección Mexicana estaba “en shorts y así, todos tristes”. La diferencia era abismal.
“Se empieza a darte cuenta de lo que es el fútbol en otros países”, dice con una sonrisa amarga. Tan dura fue la derrota que, según cuenta el propio Vinicius, casi no los dejaban ni regresar al país tras el partido.
Y como si la paliza no bastara, llegó el capítulo de la rabia pura. En el siguiente encuentro, contra el Nesa, un rival lo cazó sin piedad. “Primera jugada, boom, a la rodilla. Amarilla. Y me puso como loco. Ni siquiera me insultó. A la siguiente, boom, otra vez. Me pegó donde me dolía. Peor que una mentada de mamá”, relata entre risas y fuego en la mirada.
No hubo palabras gruesas. Solo golpes limpios y salvajes que dolían en el alma. “Son situaciones que se dan, pero sin insultarme. O sea, pero sí me pegó donde me dolía. Entonces dices, pues ni modo”.
De esas pruebas de fuego salió el Vinicius Bravo que América y México recuerdan.
Un guerrero que levantó trofeos en los ochenta, que sangró camiseta y que entendió que representar a México no es solo un honor: es un compromiso que te marca para siempre.
Hoy, con la distancia que dan los años, el tricampeón americanista no cambia ni una sola de esas cicatrices. Porque cada golpe recibido, cada derrota dolorosa y cada estrofa del himno cantada con la mano en el pecho, lo forjaron como el hombre y el futbolista que es.
Vinicio Bravo Fentanes no solo jugó. Sobrevivió. Luchó. Triunfó.
Y su historia sigue siendo, hasta hoy, un grito de orgullo tricolor.
MARCOS H. VALERIO
CHARLAS DE TABERNA
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