“La única forma de lidiar con un mundo
sin libertad es volverse tan absolutamente
libre que tu mera existencia sea un acto de rebeldía.”
Albert Camus
Las mentiras no pueden sostenerse para siempre, y menos cuando provienen de un gobierno que hizo del engaño y la fantasía una forma de gobernar, como ocurrió durante el sexenio de López Obrador. Muchas de esas falsedades se fueron derrumbando una a una; en otros casos apostaron al olvido. Sin embargo, con el paso del tiempo, los hechos terminan por alcanzar a cualquiera. Eso ocurrió con la extracción de Ismael “El Mayo” Zambada de territorio mexicano y su posterior aparición en Estados Unidos.
Durante meses, desde Washington buscaron deslindarse, asegurando que no habían tenido participación en el operativo, mientras que desde México se exigían explicaciones. Así lo hizo López Obrador y, posteriormente, Claudia Sheinbaum. Aunque no les guste admitirlo, en este caso ni siquiera fueron consultados: simplemente les perdieron la confianza. Hoy, las narrativas oficiales de ambos gobiernos se tambalean ante los nuevos elementos revelados por la prensa. Las fotografías de la aeronave en la que fue trasladado se han convertido en el nuevo trofeo de la polémica.

La pregunta es inevitable: ¿quién dice la verdad?, ¿quién decidió ocultarla? y, sobre todo, ¿cuáles fueron los motivos?
El asunto cobra una dimensión mayor en medio de la tensión provocada por la revisión del T-MEC y las exigencias de Donald Trump al gobierno de Claudia Sheinbaum. Todo ello complica aún más la relación entre ambos mandatarios. Aunque no quieran reconocerlo, desde hace tiempo la Presidenta enfrenta un escenario de creciente presión. El caso de “El Mayo” Zambada no es un asunto menor; también pone a prueba la capacidad de la inteligencia del Estado mexicano. López Obrador repetía que en México no ocurría nada sin que el Presidente se enterara. Entonces, ¿se vulneró la soberanía porque el gobierno desconocía lo que estaba ocurriendo? ¿Se derrumba aquel discurso de envolver todo en la bandera? ¿Se desarticula esa narrativa si ni siquiera saben lo que sucede dentro de su propia casa?
Las revelaciones periodísticas, junto con los documentos e imágenes filtradas, obligan a revisar el funcionamiento de la inteligencia nacional. ¿Cómo es posible que alguien se lleve al principal líder del Cártel de Sinaloa sin que las autoridades mexicanas lo detecten? Mientras tanto, el entonces presidente no atinó a hacer otra cosa que exigir explicaciones desde aquel 25 de julio de 2024. Vaya herencia para Claudia Sheinbaum. También resulta inevitable recordar el asesinato de Héctor Melesio Cuén, un crimen que, lejos de esclarecerse, terminó empantanado entre contradicciones, dudas y hasta un presunto montaje.
El tema, por supuesto, no le cayó nada bien a Claudia Sheinbaum, y es entendible. En su conferencia matutina anunció que presentará una cronología de los hechos para confrontar la versión mexicana con la estadounidense. Pero, en el fondo, el mensaje también va dirigido a Donald Trump, de quien sostiene que sus malas formas son parte de su estilo de hacer política y comunicar. Esa reconstrucción de los hechos podría abrir la puerta para conocer quién piloteó la aeronave, qué agencias participaron, cuál fue el papel del gobernador con licencia, Rubén Rocha Moya, y de los demás señalados de acudir a la reunión con el capo.
El asunto debe tratarse con enorme cuidado. Cualquier postura puede ser interpretada como una defensa de delincuentes, cuando en realidad de lo que se trata es de exigir transparencia y conocer la verdad. Esa obligación no debería tener colores partidistas.
No es ningún secreto que la confianza entre los gobiernos de Donald Trump y Claudia Sheinbaum está profundamente lastimada. Los acontecimientos recientes apuntan a que la relación bilateral enfrentará nuevas tensiones y momentos de mayor confrontación.
Porque más allá de quién piloteó el avión, quién autorizó el operativo o quién ocultó información, lo verdaderamente grave sería confirmar que el Estado mexicano no supo —o no quiso saber— lo que ocurría en su propio territorio. Si eso ocurrió, la discusión ya no es sobre un capo, sino sobre la credibilidad de las instituciones y la soberanía que tanto se presume… Pero mejor ahí la dejamos.
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Hasta la próxima.
Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez
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