¿Se acuerdan de la película El nombre de la rosa de Sean Connery? Toda la trama de los monjes asesinados en la abadía gira en torno a un libro con las páginas envenenadas. El culpable, el viejo monje ciego Jorge de Burgos, cometió esos crímenes para ocultar el único ejemplar del segundo tomo de la Poética de Aristóteles, un texto del filósofo dedicado enteramente a la comedia y la risa.

En una escena cumbre, Jorge justifica sus asesinatos con una lección política que me parece brutal. Confiesa que odia la risa porque disipa el miedo, y advierte que “sin miedo al diablo, para qué necesitamos a Dios”. Él sabía perfectamente que la comedia destruye la solemnidad y el terror que provoca el poder para generar obediencia; el humor expone la ridiculez del poder y libera al pueblo de la sumisión ciega.
Esto viene mucho al caso por lo que acaba de pasar en México con la llamada “Ley Antimemes”. Hace unos días, la Cámara de Diputados aprobó definitivamente una reforma que, bajo la bandera legítima de combatir los fraudes cibernéticos y la piratería, encendió las alertas. Oficialmente no prohíbe los memes, pero castigan con cárcel el uso de la identidad gubernamental y, lo que me parece peligroso, obliga a las plataformas digitales a bajar contenidos que son reportados de forma inmediata, sin orden judicial y bajo amenaza de multas millonarias. El riesgo es ese posible “efecto inhibidor”, es decir que las redes sociales, para evitarse problemas, censuren cualquier contenido reportado y borren imágenes o videos de forma automática.
Aquí quiero defender a la sátira política. No es un pasatiempo frívolo. El pensador Mijaíl Bajtín lo explicó de manera brillante con la idea de la “carnavalización”: la risa popular es una fuerza subversiva gigante que empodera a “los de abajo”. Cuando nos burlamos de nuestros líderes y los bajamos de su pedestal, el miedo y la sacralidad del poder se disuelven a través de la carcajada colectiva.
Ese carnaval ocurre hoy en internet. Vivimos dentro de una “lógica hipermemética”, donde absolutamente todo acto gubernamental está sujeto a convertirse en meme. Y no se trata de cualquier chistecito ocioso; el meme es una forma de argumentación visual que hace más sencillas y entendibles críticas sociales complejas.
Los memes tumban las barreras para que cualquier persona participe del debate público. Son nuestra forma más directa, rebelde y ciudadana de exigir rendición de cuentas.
Ojalá que esta reforma no se convierta en un mecanismo de censura disfrazado de legalidad. El humor, la ironía y el meme son termómetros de nuestra libertad. Un pueblo que ríe es uno que piensa, que resiste y que no se deja doblegar.
@latitudmegalopolis Jennifer Seefoó periodista internacional coverturas champions LISBOA y Mundiales 2018 RUSIA#JenniferSeefoó #internacionales #periodismo #champions #mundia2018 #diario24hrs #futbolmexicano #futboleuropeo
♬ sonido original – Latitud Megalópolis – Latitud Megalópolis