La Ciudad de México es un caos debido a una combinación de factores históricos, geográficos y sociales que saturan constantemente su infraestructura urbana. Hay que considerar que es una de las zonas metropolitanas más grande del mundo y la convivencia diaria de más de 22 millones de personas, genera retos colosales en movilidad, recursos y organización.
En primer lugar, las movilizaciones sociales son causa fundamental del desorden citadino. Se calcula que en la capital se registran entre tres mil y cinco mil marchas cada año, dependiendo de la metodología o tipo de eventos que considere el gobierno porque también hay concentraciones menores, mítines y plantones diarios que no provocan tanto desorden metropolitano, tránsito y cuellos de botella en amplias zonas, sobre todo del centro de la ciudad.

Otro más. La inseguridad ha bajado en general, pero si señalamos los índices por alcaldías diremos que Cuauhtémoc, Miguel Hidalgo, Benito Juárez en Iztapalapa han mostrado descensos, pero regiones como Venustiano Carranza y Tlalpan registraron incrementos en su comparativo anual. Viví muchos años en esta última demarcación y confieso que de unos años a la fecha, es preocupante los niveles de criminalidad, despojos y hurtos que se han dado en esa zona otrora pacífica.
El Sistema de Transporte Colectivo es otro tema que provoca caos por las fallas constantes en las 12 líneas y la alta afluencia a todas horas del día, principalmente por incidentes recientes en la red. Apenas hace unos días en la Línea 7 que va de Barranca del Muerto a Rosario, se presentó un incidente que pudo ser grave cuando un tren que precisamente en la terminal Barranca abrió las puertas del lado contrario a la salida. Por fortuna, ninguna persona estaba recargada o cercana; desalojaron a la gente y el servicio tuvo que ser suspendido varios minutos, el tren tuvo que ser retirado y los usuarios desalojados. Ni hablar del transporte urbano metropolitano y concesionado muy insuficiente.
La gentrificación y la construcción desmedida de mega obras provocan otro caos multidimensional en la ciudad. Eso afecta gravemente la infraestructura urbana, la economía local y el tejido social. Aunque se suele promover el desarrollo urbano como progreso, los expertos urbanistas señalan que la falta de planeación y regulación convierte este fenómeno en un detonante de colapso, que redunda en escasez de agua, falta de servicios de drenaje, dificultades de movilización, encarecimiento del suelo, desaparición de comercios tradicionales. Se observa así, que en todas partes de la Ciudad de México han proliferado los edificios de departamentos cuyo costo es mucho más elevado.
Sin embargo, para la jefa de gobierno capitalino, Clara Marina Brugada Molina estamos muy bien. Para ella, el caos, la inseguridad, las movilizaciones, la gentrificación y la crítica a las obras multitudinarias, son un intento de opositores que desean desestabilizar a su gobierno. Como los llamados a misa, ha hecho un exhorto a las organizaciones sociales y ciudadanos para que repiensen la forma de expresar su inconformidad y afectar lo menos posible a los ciudadanos y al tránsito de la capital.
Brugada Molina habla de un presupuesto sin precedente de 25 mil millones de pesos para mantenimiento e innovación tecnológica del Metro durante este año. Afirmó que los índices criminales han bajado en las alcaldías, pero la percepción de inseguridad es alta por la cobertura amplia de los medios de comunicación y les pidió, como fórmula de solución, bajarle a la nota roja en la información periodística y por internet.
Mientras continúa el caos en la Ciudad de México, la jefa de gobierno sigue con su proyecto de instalar en toda la capital UTOPIAS – cuyo acrónimo significa Unidades de Transformación y Organización para la Inclusión y la Armonía Social –, grandes complejos públicos e integrales diseñados para la cultura, el deporte, la recreación y el bienestar social. Lo hizo cuando fue alcaldesa de Iztapalapa, pero fracasaron como está sucediendo ahora porque la gente quiere primordialmente servicios básicos de agua, luz, drenaje, seguridad.
Ni modo, como decía la señora Cristina Pacheco: Aquí nos tocó vivir.
Por Ricardo Burgos Orozco