De ancianos a Adultos Mayores sin medicinas

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De ancianos a Adultos Mayores sin medicinas.

A los viejos o ancianos, cambiaron el término sociolingüístico por personas de la tercera edad o personas adultas mayores con el fin de redignificarlos lingüísticamente o adoptar un lenguaje inclusivo y no discriminatorio para ellos, aunque en la realidad, con el trato que reciben en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y en el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), esa redignificación se viene abajo.

Me explico: El hecho de que ambas instituciones de gobierno carezcan de medicamentos, se ha convertido para los adultos mayores en una verdadera calamidad, porque miles deben trasladarse en transporte público -que toda la vida ha sido un asco- para asistir a su Unidad de Medicina Familiar y les entreguen los insumos. Pero, ¿qué sucede cuando llegan a la clínica?, les dan la noticia que no existen los medicamentos. Y así tienen que hacer hasta dos o tres viajes para recibir sus medicinas en el transcurso de meses.

 

 

Muchas personas mayores de 60 años apenas y pueden caminar porque padecen insuficiencia cardíaca o renal, arritmias, secuelas de infartos y valvulopatías (afectación en una o más de las cuatro válvulas del corazón) y aún así deben viajar solos, con bastón, en sillas de ruedas o andaderas. Eso les hace más difícil asistir a su clínica, además de que pagan por trasladarse en taxis, peseros o camiones y, a veces, los tres al mismo tiempo.

Gran parte de los adultos mayores gastan sus pensiones contributivas o los apoyos de programas sociales (como la Pensión del Bienestar) en farmacias privadas para adquirir tratamientos de uso diario. Consumen en promedio de 3 a 5 medicamentos diarios para controlar simultáneamente presión, glucosa o dolor. Pagar por esos medicamentos mensualmente al sector privado resulta insostenible para sus economías.

Los efectos van más allá: Estudios sobre adultos mayores con padecimientos crónicos, indican que las necesidades de atención médica no cubiertas (como el desabasto) reducen hasta en 74% la percepción de satisfacción en los sistemas de salud pública.

Datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía indican que el IMSS atiende a más de 13.2 millones de adultos mayores (personas de 60 años y más), mientras que el ISSSTE cuenta con una población derechohabiente superior a 2.5 millones. Ambas instituciones concentran la mayor parte de sus recursos para adultos mayores en el tratamiento de enfermedades crónico-degenerativas.

En fin, la transición hacia el término oficial “Personas Adultas Mayores”, consolidada en la Ley de los Derechos de las Personas Adultas Mayores, no dignifica a esas personas, porque la verdadera dignificación no radica en cómo se les nombra, sino en cómo se les garantiza el derecho constitucional a la salud y a una vida con calidad. Cuando el sistema falla en proveer medicamentos esenciales, la terminología inclusiva pierde todo su valor práctico.

 

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